
Por Pedro Cruz.
Organizaciones ambientalistas y de la sociedad civil se manifestaron la tarde de ayer en la Macroplaza del Malecón contra la construcción de la Escollera Sur de cuatro kilómetros de largo, cuyas obras iniciarán el próximo mes, y pondrán en riesgo el Sistema Arrecifal Veracruzano, en especial, al arrecife de La Gallega.
Este tesoro natural y paraíso marino enfrenta una nueva amenaza. El director de la Asipona Veracruz, el militar retirado Abraham Caballero Rosas, anunció para el próximo mes, el inicio de las obras para ampliar el puerto, con el aval de la Coordinación General de Puertos y Marina Mercante, que dirige el veracruzano, capitán Manuel Gutiérrez Gallardo, con una escollera que pasará justo sobre el arrecife La Gallega, alertaron ayer los manifestantes.
El problema –dijeron en una protesta pacífica– no es solo ambiental sino legal: la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ordenó detener estos trabajos y preguntaron: ¿Cómo es posible que estemos otra vez a punto de destruir uno de los ecosistemas más frágiles del Golfo de México?.
El crecimiento del puerto ha traído consigo una amenaza silenciosa: la destrucción de arrecifes coralinos. La Escollera Sur, impactará directamente al arrecife La Gallega, que es hogar de tortugas, peces multicolores y corales que tardaron siglos en formarse.
Ambientalistas como Terranova, AIDA y EarthJustice han denunciado que este proyecto no solo pone en jaque a los arrecifes, sino también a manglares y humedales.
En marzo de 2022, la Primera Sala de la SCJN resolvió el amparo en revisión 54/2022 y dejó sin efecto las autorizaciones ambientales que la Semarnat había otorgado desde 2004. La Corte fue clara: la evaluación del puerto se hizo de forma fragmentada, sin considerar el impacto global del proyecto ni utilizar la mejor ciencia disponible.
La sentencia ordenó realizar una nueva evaluación ambiental integral, considerando arrecifes, manglares y humedales. En pocas palabras: no se podían reanudar las obras sin este requisito. Pero hoy, con el anuncio del director de la Asipona Veracruz, parece que el fallo quedó en el olvido.
La ampliación del puerto no solo amenaza el arrecife sino los lugares de donde se extraerá la piedra para la escollera. Ambientalistas temen que se usen áreas naturales protegidas como bancos de materiales, lo que significaría un doble golpe ambiental.
Los arrecifes son guardianes naturales contra huracanes y erosión costera, además de sostener comunidades pesqueras. Destruirlos no solo afecta la biodiversidad: también impacta la economía local, el turismo y la seguridad de las costas.
Frente a este panorama, colectivos veracruzanos se están movilizaron ayer e domingo 14 de septiembre, a las 5 p.m., en el malecón de Veracruz; la con música de son jarocho, carteles y actividades para niños. “No queremos más barcos, queremos arrecifes sanos”, dijeron los convocantes y manifestantes.
La movilización de ayer busca no solo frenar la obra, sino también visibilizar que el derecho a un ambiente sano es un derecho humano. Jóvenes, familias y artistas se están sumando a una lucha que combina ciencia, cultura y resistencia ciudadana.
La inversión anunciada para la escollera es de más de 10 mil millones de pesos, con recursos públicos y privados. Pero la pregunta es inevitable: ¿cuánto vale un arrecife? No solo hablamos de corales y peces, sino de un ecosistema que protege a Veracruz de tormentas, mantiene viva su pesca y forma parte de su identidad cultural.







