Redacción PTC.
El presidente nicaragüense, Daniel Ortega, anunció sin preámbulos: “nosotros vamos con el canal por Nicaragua, estamos trabajando con una empresa china, y claro que nos interesaría que inversionistas norteamericanos participen de este proyecto”.
Nicaragua ha desempolvado el viejo sueño nicaragüense de salir de la miseria con un canal que una el Pacífico y el Caribe. La idea del canal está tan metida en el ideario nicaragüense, que su sola mención por parte de un mandatario despierta pasiones en un país donde el 47% de la población vive en pobreza.
El Gobierno de Nicaragua informó que ha trabajado directamente con “una gran empresa de la República Popular China” el proyecto de construcción del canal, cuyo costo, según Ortega, podría superar los 40.000 millones de dólares.
Nicaragua ya ha establecido una Oficina del Gran Canal en Hong Kong, aunque todavía no se ha informado oficialmente el nombre de la empresa china que estaría interesada en el faraónico proyecto.
Podría tratarse de la compañía de telecomunicaciones Xinwei, a la que la institución administradora de las telecomunicaciones de Nicaragua, Telcor, le otorgó el año pasado una licencia para operar en el sistema de comunicaciones del país.
El año pasado, ProNicaragua, agencia público-privada para la promoción de inversiones en la que trabaja como asesor Laureano Ortega, hijo del mandatario, anunció que había firmado un “memorándum de entendimiento” con una empresa recién formada, cuya sede está en Hong Kong: HK Nicaragua Canal Development Investment Co. Ltd, cuyo presidente es Wang Ji, quien también dirige a Xinwei Telecom Enterprise Group.
El Gobierno nicaragüense otorgó a un consorcio holandés formado por las empresas Royal HaskoningDHV y Ecorys el contrato para realizar un estudio de prefactibilidad para la construcción de un canal.
El estudio, cuyo costo ascendía a 720.000 dólares, debería ser presentado a inicios de este año, pero el Gobierno no ha informado todavía de sus conclusiones. El consorcio holandés debería analizar la viabilidad técnica, económica y financiera de la construcción del canal, tomando en cuenta el impacto ambiental del proyecto.
Salvador Montenegro, director del Centro de Investigaciones de Recursos Acuáticos de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), explicó que el canal nicaragüense no sería una competencia del de Panamá, que está en plena ampliación. Según Montenegro, en el proyecto nicaragüense se piensa en un canal tendría con capacidad de recibir barcos de hasta 250.000 toneladas métricas, con esclusas de 460 metros y una profundidad mayor a los 20 metros.
Un proyecto faraónico que se ha topado con la preocupación de los ecologistas y el escepticismo de críticos del Gobierno.
Hasta ahora ningún funcionario del Gobierno ha dicho qué rutas tendría en canal anunciado por Ortega, aunque el mandatario aseguró que no sería por el río San Juan, fronterizo con Costa Rica. Algunos expertos consultados estiman que el proyecto podría desarrollarse tomando las rutas recomendadas por un estudio multidisciplinario presentado en 2006 por el entonces presidente Enrique Bolaños, que planteaba la construcción del canal iniciando en las costas del Caribe de Nicaragua, cerca de la bahía de la ciudad de Bluefields, avanzando por ríos dentro de territorio nicaragüense y pasando por el Gran Lago de Nicaragua, de más de ocho mil kilómetros cuadrados, en un recorrido de 280 kilómetros.
Es precisamente una ruta a través del Gran Lago, o lago Cocibolca, lo que ha preocupado a expertos y ecologistas de Nicaragua, que temen un deterioro irreversible en la que es la principal reserva de agua del país, porque se deberían remover sedimentos y dragar ocho kilómetros del lago para permitir el paso de barcos de enorme calado.
“Un proyecto de grandes dimensiones como este atenta contra el futuro del lago”, dijo a este diario el célebre ecólogo nicaragüense Jaime Incer Barquero, para quien el proyecto del canal por esta ruta es “una visión desarrollista, insostenible y muy negativa para el desarrollo del país”.
“Yo no me opongo al progreso, pero las consideraciones ambientales son suficientemente fuertes”, dijo. Al experto también le preocupa que el país que pone los fondos para la obra sea precisamente China. “Es el país más contaminado del mundo, siempre ha despreciado el medio ambiente”, dijo.
Fuente: El País







